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Urueña, el pueblo con más librerías que bares

Urueña, el pueblo con más librerías que bares
Urueña, el pueblo con más librerías que bares

No llegan a ser dos centenares de vecinos, la mayor parte de ellos ya jubilados, pero pueden decir orgullosos que pertenecen a la única Villa del Libro que hay en España. Sus tranquilas y estrechas calles, en las que reina un profundo silencio, guardan con celo siglos de historia y rebosan cultura en cada piedra, en cada fachada y en cada corro. Se trata de Urueña, el pueblo de España con más librerías que bares.

Ha pasado ya una década desde que la Diputación de Valladolid apostara por un proyecto cultural que triunfaba a nivel internacional, nacido en Hay-on-Wye, Gales. Las gruesas murallas medievales que protegían Urueña y la existencia de la Fundación Joaquín Díaz, dedicada a la etnografía castellanoleonesa, eran el caldo de cultivo idóneo para sumarse a este proyecto allá por 2007. “Conocíamos el proyecto y pensamos que Urueña podía reunir las características necesarias para utilizar los libros como motor económico y cultural para dinamizar la zona y fijar población”, explica Pedro Mencía, director de la Villa del Libro de la Diputación vallisoletana.

Urueña, en los 90, fue el primer pueblo con menos de 200 habitantes en tener una librería

Ya por los años 90, Urueña despuntó como una rara avis al convertirse en el primer pueblo de España con menos de 200 habitantes en tener una librería: Alcaraván. La semilla ya estaba sembrada y sólo faltaba un poco de tiempo para que la cultura terminara brotando por todos los rincones. Su excelente localización, en un pequeño desvío cuando se viaja a bordo de un Kia Sorento por la autovía A6 que une Madrid con A Coruña, y la riqueza patrimonial y paisajística convertían a Urueña en “un lugar único en España en el que poner en marcha la Villa del Libro”, añade Mencía. Así surgió la adhesión de la localidad vallisoletana a esta categoría internacional de la que forman parte una decena de pueblos y que tienen como exponente la “dinamización económica, cultural y turística a partir de la recuperación de los espacios públicos como lugares de compraventa de libros y la celebración de eventos culturales ligados a la literatura”, explica sentado en una sala del Centro e-LEA Miguel Delibes, un espacio para la lectura y la escritura, punto neurálgico de la cultura carrasqueñas.

Los libros atraen a los bares

Por aquel entonces tan sólo había un bar, el Mesón Villa de Urueña, en el corro de San Andrés, “un mesón que ni siquiera daba comidas”, rememora Francisco Rodríguez, alcalde de la localidad. Pero tras la inauguración oficial del proyecto en 2007 fueron recuperando distintos edificios abandonados para transformarlos, poco a poco, en librerías. En la actualidad, un total de 10 librerías, cada una dedicada a una temática diferente, salpican los rincones más insospechados de la localidad. De la mano de las librerías ha llegado el turismo y la dinamización del sector servicios, con “ocho bares y restaurantes y hasta un par de casas rurales”, añade satisfecho el alcalde, quien reconoce con orgullo que todavía mantienen abierto el colegio con seis alumnos, así como una carnicería y una panadería.

“El turismo, en festivos, verano y fines de semana, está dinamizando mucho el pueblo. Somos el pueblo con más centros culturales por habitante y la creación de la Villa del Libro lo ha supuesto todo, porque ha traído a gente joven que rejuvenece un poco el pueblo. Estamos desde 2013 en la asociación de los Pueblos más bonitos de España y desde que han puesto el letrero indicativo de la villa en la autovía hemos notado un importante aumento del turismo”, asiente Rodríguez mientras descansa al sol en un banco del corro de San Andrés.

La proliferación de librerías ha supuesto la apertura de restaurantes y casas rurales

Pero si alguien conoce bien cómo ha funcionado el atractivo de la literatura en Urueña ese es Jesús Martínez ‘Alcaraván’, propietario de la primera librería del pueblo. Martínez llegó hace un cuarto de siglo desde Madrid atraído por el museo etnográfico que Joaquín Díaz había puesto en marcha. Precisamente fue esta la temática por la que apostó en su pequeña tienda, su “opción de vida”, tal y como él mismo la define. “Decides dejar la gran ciudad y apostar por una vida más tranquila para hacer lo que te gusta donde te gusta. Al principio es arriesgado, porque nadie viene a un pueblo a buscar una librería; eso es algo que te encuentras”, reconoce mientras ordena varios libros.

La creación de la Villa del Libro, para Martínez ha supuesto un arma de doble filo. “Al principio estaba yo pero al formar parte de la villa ahora somos diez. Hay más competencia, pero también es cierto que hay más turismo. Al principio había muchos fines de semana en los que no venía ni un solo turista, pero ahora eso es impensable, vienen buscando la villa medieval y sus famosas librerías”, explica este veterano librero que ha sabido reinventarse y apostar por diversificar su oferta añadiendo “productos de la zona, como miel, queso, cerveza, vino o chocolate, todo hecho por artesanos y algún proveedor local”.

El arte de diversificar

En la variedad está el gusto, y de eso sabe bien Alison Canosa, británica asentada en Urueña que “quería vivir en un pueblo con lo que más le gustaba, la literatura”. Su librería La Real, con un aspecto de boutique tradicional, se ha ido transformando y ya tiene un restaurante adyacente con un apacible jardín interior que incita a la lectura. Además de libros especializados en arte y fotografía, vende productos de la tierra, desde embutidos y conservas, hasta prendas de lana artesanas del Val de San Lorenzo (León).

Algunas librerías venden también productos artesanos y de la zona

El barcelonés Víctor López-Bachiller, de librería Páramo, también optó por dejar atrás su vida como creativo publicitario en la gran ciudad para dedicarse a la compraventa de libros de segunda mano. Tras ocho años en la localidad no duda en reconocer que fue un acierto tomar este camino alternativo “para vivir la literatura”, su “gran pasión”. Especializado en libros de filosofía, ensayo, historia y novelas de primera edición, no podía haber optado por un enclave mejor para levantar la librería, ya que una de las paredes está formada por la propia muralla medieval. Entre sus estanterías pueden encontrarse libros “para todos los bolsillos” y otros excepcionales, de “1.000, 2.000 e incluso 3.000 euros, que son ediciones raras, curiosas o muy antiguas”, explica, como un Compendio de artículos de la suma teológica de Santo Tomás de Aquino de 1592.

Entre las librerías especializadas sorprende, por ejemplo, la que regenta Esperanza Rodríguez, dedicada en exclusiva a los cuentos infantiles y juveniles: La boutique del cuento. La clave es “lograr atraer al lector desde pequeño, para que a través de cuentos y pequeñas novelas vayan conociendo la magia de la lectura”, explica Rodríguez. “Buscamos olvidarnos de los best sellers y apostar por ediciones cuidadas y atractivas con las que le niño tenga sensación de pertenencia”, añade esta librera que comparte calle con el Museo del Cuento, un espacio cultural que acoge la representación de los relatos más conocidos de la literatura clásica infantil.

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